Hace unos días leí en la edición impresa andaluza de "El País" un artículo que me dejó un poco sorprendido y bastante más indignado, ya que descubrí un hecho desconocido para mí y creo que para mucha gente.
Como algunos sabrán, Andalucía posee un gran número de árboles centenarios en su extenso campo. Auténticos monumentos naturales en forma de olivos, algarrobos o encinas, que han visto florecer y decaer distintas civilizaciones a su alrededor mientras ellos permanecían imperturbables al paso del tiempo. Árboles cuya sombra ha cobijado a incontables hombres y bestias, cuyos frutos han alimentado a un sinfín de seres; árboles que sin duda han dado lugar a innumerables retoños cuyas sombras y frutos han sido y seguirán siendo útiles.
Acebuche del Espinillo (Huelva)
Pues bien, como de todo hay que sacar tajada en esta vida, hasta estos ancianos se han visto salpicados por el afán de comprarlo todo y el de destruir por destruir (siempre con dienero de por medio) que nos invade de un tiempo a esta parte. Resulta que existen empresas especializadas en vender árboles centenarios a través, generalmente, de internet. Los clientes son particulares e instituciones pudientes de países como Francia, Italia o Suiza, que ven como un signo de prestigio el poseer estos ejemplares en sus jardines públicos y particulares. El problema es que se ha puesto de moda, y Andalucía exporta en torno al millar de árboles centenarios al año. Ya sólo nos quedan unos 500 árboles con más de cinco siglos y unos pocos milenarios.
Los afortunados propietarios de fincas agrícolas con este tipo de árboles obtienen hasta 12.000 euros por ejemplar, cifra que se quintuplica al llegar al comprador final (es decir, una barbaridad). Con esos precios, ¿quién iba a resistirse? No culpo a los agricultores que ven un dinero fácil delante de sus ojos, pero creo que las administraciones deberían tomar cartas en el asunto de inmediato. Pienso que estos árboles forman parte de nuestro patrimonio natural más valioso, y que deberían protegerse como ejemplares singulares que son. ¿Por qué la gente no lo valora así? ¿Qué pasaría si se fueran llevando la Alhambra de Granada, trocito a trocito, a otros países para descansar en salones particulares?
Al parecer el asunto afecta también a Cataluña y Valencia, lugar este último donde ya se ha creado una norma que regula este comercio. Aquí como siempre destacamos por la pasividad ante los abusos ambientales, y el empleo de tiempo y dinero en lavados de cara y otros menesteres.
Quizá el tema me haya tocado un poco más de cerca, porque la imagen que ilustraba el artículo en el periódico pertenecía a un magnífico acebuche centenario de Aguamarga (Almería) que visité justo unos días antes de leer la noticia. ¿Vosotros qué pensáis? ¿Os parece correcto el permitir tan desconsiderado expolio de nuestro campo? ¿Qué será lo próximo? De esto último, prefiero no saber la respuesta.
