21 de junio de 2009

Verano


Campo de girasoles cercano a Pamplona, Navarra

11 de junio de 2009

Peligro: atropellos de fauna


Seguro que todos estamos acostumbrados a ver las típicas señales de tráfico que advierten del peligro de atropellar animales salvajes o ganado, en cuyo interior se ilustra un ciervo o una res. Sin embargo, si nos adentramos en Doñana este peligro se multiplica exponencialmente, debido a la alta diversidad y abundancia de fauna presente en la zona. Cuando recorremos los caminos que surcan este excepcional paraje debemos extremar la precaución, como muy bien nos recuerdan estas originales señales:


La calidad de algunas fotos no es buena debido a que fueron disparadas desde un vehículo en marcha, pero aún así se aprecian muchas siluetas que nos resultan familiares. En este lugar, no sólo corremos el riesgo de truncar la vida de un amenazo lince, sino que también podemos toparnos con jabalíes, abejarucos, chotacabras, perdices... ¿eres capaz de identificarlos a todos?


Pero para rizar el rizo, los animales no son los únicos que están en peligro cuando cruzan o transitan los caminos de Doñana. Los científicos que trabajan en la zona también pueden verse amenazados por el runrún de un todoterreno que se acerca... especialmente los ornitólogos, a menudo absortos en sus observaciones ;)

 

Y para terminar, la señal que más me ha gustado, quizá porque me recuerda a mis tiempos de aprendiz de bichólogo en los que vagaba por el campo red en mano, tal y como aparece en la silueta ilustrada más abajo:

¡Precaución! ¡Entomólogos distraídos!

6 de junio de 2009

"Home", una película sublime



Por si alguien no se ha enterado aún, no puedo evitar dar difusión a un evento que se me antoja importantísimo: el estreno del documental "Home", de Yann Arthus-Bertrand. Coincidiendo con el Día Mundial del Medio Ambiente, la pelícuda ha sido lanzada simultáneamente en 50 países tanto en cines como en dvd e internet.

A través de unas espectaculares imágenes aéreas de diferentes puntos del globo, nos enseña las maravillas que atesora nuestro planeta, a la par que muestra la evolución del hombre en su relación con el medio que habita. Secuencias sobrecogedoras, impresionantes, bellísimas, son perfectamente ensalzadas por una música de Armand Amar que envuelve los sentidos e introduce al espectador de pleno en las imágenes. La narración, perfectamente hilvanada, nos convence sin apenas darnos cuenta de que la Tierra es un regalo que debemos proteger sin dudarlo, que tenemos que cambiar nuestro modo de ver las cosas, y afrontar la vida que nos queda de manera mucho más respetuosa con nuestro planeta y con todas las personas que en él viven.


La película, que cuenta con la producción de Luc Besson y el patrocinio del consorcio de empresas PPR, es de distribución totalmente libre, ya que su principal objetivo es que su mensaje sea difundido a la mayor parte de personas posible. Pinchando en la imagen superior podéis ver la película (parece ser que en una versión reducida de hora y media) en YouTube, así como un montón de vídeos más con making-off, entrevistas y tráilers... pero daros prisa, pues parece que sólo estará disponible en este canal hasta el 14 de Junio. Si la conexión lo permite, recomiendo encarecidamente su visionado en alta definición (pinchando en el botoncito HD de la barra de vídeo).

Sinceramente, uno de los mejores documentales que he visto en mi vida, al que me acerqué sin saber muy bien con lo que iba a encontrarme y con el que me he llevado una muy grata sorpresa.
Página oficial: www.home-2009.com 

31 de mayo de 2009

Tarde de trigueros


 Triguero (Miliaria calandra)

 Triguero (Miliaria calandra)

Primera foto por ®Elenita | Perchas ubicadas en la Laguna de El Padul

9 de mayo de 2009

Laguna de Pitillas: entre avetoros y bigotudos



Cerca de Olite, en Navarra, encontramos la Laguna de Pitillas, el humedal más extenso de su comunidad (con unas 300 ha) y uno de los más importantes del Valle del Ebro. Cuenta con numerosas figuras de protección que dan fe de lo que en su interior se esconde, una rica fauna ornitológica que encuentra en este oasis un lugar ideal para descansar, alimentarse y reproducirse.

Nada más llegar nos encontramos un centro de recepción de visitantes que me sorprendió gratamente. Cuenta con una especie de observatorio elevado desde el que se contempla toda la laguna, y en el que es posible observar mediante telescopios allí instalados todo bicho que se mueva frente a nosotros. Así mismo permiten consultar numerosas guías de aves, e incluso cuentan con un servicio de préstamo de prismáticos. Creo que estas opciones acercan el mundo de las aves al visitante general que quizá de otro modo no se hubiera parado a observar detenidamente los seres que allí habitan.

Desde este lugar se observa la fauna típica de estas zonas: fochas a tutiplén, zampullines, azulones, abundantes somormujos, garzas reales, varios aguiluchos laguneros...

Bigotudo macho (Panurus biarmicus)

Bajo del observatorio y comienzo un corto paseo indicado con carteles que discurre rodeando la laguna, con un calor sofocante que no invita a las aves a darse muchos paseos al sol. Pero nada más acercarme a los primeros carrizos descubro con alegría cómo un grupo de bigotudos se mueve inquieto entre las matas. Un bicho que tenía muchas ganas de ver y que no podemos disfrutar en el sureste peninsular, realmente precioso.

 
Bigotudo macho (Panurus biarmicus)

 
Bigotudo hembra (Panurus biarmicus)

Tras unos minutos persiguiendo a estos simpáticos seres continúo mi camino "disfrutando" con los miles de mosquitos que zumban alrededor y que llegan a formar auténticas cortinas que hay que atravesar con la boca bien cerrada. Las lavanderas y mosquiteros del lugar seguramente no se sentirían tan molestos por su presencia ;)

 
Alegres mosquitos 

Entre bocanada y bocanada de dípteros me sobrevuela una bonita garza imperial, para más tarde acercarme a un grupo de archibebes y cigüeñuelas que se alimentan en el fango.

  
Cigüeñuela común (Himantopus himantopus)

Seguí andando un poco más para encontrarme la pasarela que debía recorrer inundada por el nivel de la laguna. Entre el calor, los mosquitos y el hambre que tenía  (bien  entrado ya el mediodía) me parecía que no iba a encontrar nada nuevo e interesante y decidí darme la vuelta. Pero entonces... lo escuché, era inconfundible, el fabuloso bramido del avetoro (Botaurus stellaris) a tan sólo unos metros de mí. 

 
Carrizal, hábitat del avetoro

El poderoso canto de este animal, grave y profundo, puede oírse a kilómetros de distancia, por lo que tenerlo tan cerca impresiona bastante. Intenté avistarlo prismáticos en mano (lo de fotografiarlo ya era misión imposible) durante un buen rato, pero fue imposible descubrirlo entre los densos carrizos desde los que mugía sin descanso. Finalmente me alejé de vuelta mientras al menos otros dos individuos contestaban desde alejados puntos de la laguna.

Ya llegando al punto de partida me encontré de nuevo con los graciosos bigotudos, de los que me despedí con tristeza. Antes de marcharme intenté fotografiar a algún carricerín de los que se oían entre la vegetación, pero sólo me encontré con un grupo de ranas tomando el sol sobre un madero.

 
Rana común (Pelophylax perezi)

En definitiva, un gran lugar para pajarear que sólo pude disfrutar de pasada y que espero poder visitar de nuevo en un futuro no muy lejano... ¿quién se apunta?

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15 de febrero de 2009

¿Y si fueran los pájaros, estúpido?


Me permito reproducir aquí un texto aparecido en el diario "El País" hace unos días, un pequeño escrito de opinión que firma J. Ernesto Ayala-Dip. Creo que muestra de forma maravillosa lo que sentimos todos los aprendices de "pajarero" y expertos ornitólogos cuando disfrutamos de nuestra pasión, las aves:



¿Y si fueran los pájaros, estúpido?

Al Adrià y la Carme, mis maestros en pájaros

Hay gente que no entiende que pueda haber otra interesada por los pájaros. Nadie puede hacerse una idea de la distancia que hay entre los aficionados a la ornitología y los que ignoran que exista esta ciencia. O esta pasión. Y sin embargo, hay personas que no se imaginan su vida sin ella, como tampoco aciertan a explicarse cómo es que durante tanto tiempo les fue tan indistinto un petirrojo que un carbonero común, sombras voladoras sin sentido que se posaban en el alféizar de sus ventanas desafiando su indiferencia. Al amante de los pájaros, leer que "el cambio climático acelera los factores que ponen en riesgo de extinción a 1.226 especies de aves" le dibuja en su mente un escenario imposible de concebir. Nada podría ser más triste que un hábitat sin la llegada o la partida de todos sus pájaros. Ningún aficionado conoce in situ todos los pájaros. Los que sobrevivirán y los que tienen las horas contadas. Y es probable que nunca los atrape a todos con sus prismáticos. Pero sabe que existen. Tiene registrado en su libro mágico -su guía especializada- el vuelo, la silueta, la envergadura y la mancha de sus alas desplegadas, el color de su pico, el tiempo y la ruta de sus migraciones, el color de su plumaje. Tiene incluso grabado sus cantos. Así que la sola posibilidad -nada remota- de que esa palpitante información de la vida se convierta en letra muerta, sume al amante de los pájaros en una lúcida y necesaria melancolía.

¿Recuerda el lector de Pájaros de América, la hermosa novela de Mary McCarthy, la inmensa pena de su joven e idealista personaje Peter Levi cuando le comunican que el gran búho real de una reserva que él visita cada año ha muerto? Una mujer que está a su lado, que no entiende una tan repentina aflicción por la desaparición de un simple pájaro, no encuentra un consuelo mejor que decirle casi como un reproche: "No se puede esperar que todo siga siempre igual". Los que aman los pájaros sí quieren que todo siga siempre igual. No es una rutina cualquiera que la naturaleza nos prometa en cada estación o cada continente, en cada migración anual, sobre el mar, entre el ramaje de los árboles, en un humedal o una reserva o en los parques de nuestra ciudad, la especie que necesitamos observar para corroborar que en nuestro amado planeta las cosas siguen su orden, su reloj puntual, su latido crucial.

Ya es bastante que la ornitología sea una ciencia descriptiva y no pretenda alterar la biología de los pájaros, nos dice Peter Levi. Ahora sólo faltaría, rogará el aficionado de nuestros días, que no se pretenda hacernos creer que pase lo que pase, pájaro más pájaro menos, la vida sigue igual. Porque si falta una especie de ave, como si falta una especie marina o una lengua, la vida no puede seguir jamás igual. ¿Qué ocurriría si un día no muy lejano dejáramos de escuchar el canto del pinzón vulgar en primavera, circunstancia nada imposible toda vez que esta especie ya mermó su número en Reino Unido desde 1960, coincidiendo con el inicio del uso masivo de insecticidas tóxicos? Sabemos que Aristóteles ya observó el picapinos, pero ¿hasta cuándo podrá nuestra civilización permitir ese casi invisible vuelo ondulado de exhibición que nos regala antes de entregarse a su labor carpintera?

"Hay en la actualidad menos de 350 grullas cantoras salvajes en todo el planeta, y aunque la cifra representa una clara mejora con respecto a la población de 22 que había en 1941, la perspectiva a largo plazo para toda especie con tan pequeña colección de genes es muy sombría". Este diagnóstico pertenece al escritor norteamericano Jonathan Franzen. En Mi problema con los pájaros, artículo autobiográfico que incluye en el volumen Zona fría. Una historia personal, Franzen nos relata su paulatino amor a las aves. Yo recomiendo su lectura fervorosamente. Lo hago porque me parece la mejor descripción no sólo de cómo alguien tan ajeno a los pájaros un milagroso día descubre en ellos un universo de vida inesperado, sino porque precisamente a través de ellos Franzen destripa el mecanismo de los políticos neoliberales para producir no sólo masas paupérrimas de personas sino también masas de pájaros pobres. Como las clases medias y obreras norteamericanas en recientes tiempos de Bush, los pájaros también ven rebajados su dignidad y su nivel de vida. Esta pobreza no es baladí porque se trate de los pájaros. Especies expulsadas de su lugar exacto en el mundo para ir a buscar refugio en una tristísima y humillante adaptación. O desaparecer. Todo un temible síntoma.

"Uno de los aspectos que me gusta de la ornitología es la buena relación que hay entre la comunidad profesional y la de aficionados, mientras que en otras materias se odian a muerte", dice el doctor Josep del Hoyo, uno de los ornitólogos más prestigiosos de Europa. Jonathan Franzen es un aficionado. Quien conoce a uno de ellos, sabe que cuando regresa de alguna excursión hay una sola pregunta que para él tiene sentido: "¿Y? ¿Qué has visto?".

24 de diciembre de 2008

Navidad en el mar



Centros comerciales, luces de colores, sonidos de campanas y voces estridentes en forma de canciones, cenas, derroche, empacho... En esta época en la que diabéticos e hipertensos se llevan las manos a la cabeza maldiciendo su suerte, algunos optamos por desaparecer unos días (en mi caso sólo han podido ser unas horas, por desgracia) y alejarnos de la vorágine en la que se ven sumergidos los abnegados urbanitas y sus familias.


Las playas de Aguamarga o Las Negras, ambas en el inigualable Cabo de Gata almeriense, son el lugar perfecto para ello. Ahora que los veraneantes se afanan en comer turrones y dejarse los cuartos en juguetes y perfumes, en estos lugares se goza de una paz y tranquilidad magníficas.


Y para los que disfrutamos observando a las aves también es buen momento, por qué no, para descubrir la cantidad de ellas que se acercan hasta la playa aprovechando que somos pocos los humanos que pululamos por allí, y que la arena no está cubierta de sombrillas y toallas de colores. En un corto paseo pude alegrarme la vista con infinidad de gaviotas y cormoranes, pero también con tórtolas, alondras, collalbas negras, colirrojos tizones, un par de cuervos e incluso una abubilla.


Claro que hay quien no disfrutó tanto como yo... Esta pobre herrera (que alguien me corrija si me equivoco) aún fresca le servirá seguramente como cena de Nochebuena a alguna afortunada gaviota.


Mar, arena, brisa, pájaros, espuma, salitre, nubes, olas, tranquilidad... ¡eso sí que es una FELIZ NAVIDAD!

Podéis agrandar cualquiera de las fotos para sentir que estáis allí ;)